Muchachos y muchachas, entes del mal y changos marangos:
Con profunda tristeza les tengo que dar a conocer el terrible diagnóstico con el que me topé después de ir a 3 cumpleaños al hilo.
Todo iba bien. A pesar de que no me gusta llegar a lugares a donde hay gente que no conozco, yo por unas tostadas de pata mato mi timidez y mi hostilidad. Paso número 2: hacer plática y sonreír falsamente me va a la perfección. Empieza la sobre mesa, y cuando el anhelado momento del pastel se acerca TODO SE VA POR UN TUBO.
Nunca falta la tía o el primo gay de esos que gritan como si estuvieran ahorcando a un puerco exclama:¡HAY QUE CANTAR LAS MAÑANITAS!
Yo siento un repatear en mi panza, y aclaro: No estoy embarazada. Es el puritito coraje y la bilis los que hacen su danza.
Entonces tuve una epifanía:
Soy de esas personas A-LAS-QUE-NO-NOS-GUSTA-CANTAR/QUE-NOS CANTEN-LAS MAÑANITAS.
Listo.
Lo he sacado de mi sistema.
Odio que me pidan cantar las mañanitas, y odio que me canten las mañanitas.
Lo peor es cuando la siempre chismosa-a-ver-quien-está-cantando me descubre y grita:
MIREYA NO ESTÁ CANTANDOOOOOOOOO no le vamos a dar pastel.
Entonces, como escena de Jackie Chan, quisiera detener el tiempo y surtirla por chismosa.
Pero, entonces me pregunto...
¿Qué haría Gaby Vargas y Guadalupe Loaeza en una situación así? Habla el manual de Carreño de mentar madres o decirle CHE VIEJA cállate?
Entonces, como la monalisa, sonrío.
Es por eso, que mando a mi mamá a todas las fiestas y le pido que me traiga el pastel. Para evitar este tipo de escenas.
Así que ya lo saben...Si cumplen años y me piden ir a partir el pastel, sepárenme del grupo y digan que vaya a ver si ya puso la marrana. No les puedo asegurar que algún día se me salga lo Chucky y termine con su pastel.


